Ariadna

Ariadna

jueves, 19 de marzo de 2015

EL MUNDO SIGUE GIRANDO

Han sido unos días complicados, no os voy a engañar. Aceptar la noticia de que mi corazoncito tiene un pequeño agujero por el que se escapa mi energía y vitalidad, no está siendo fácil. Y a día de hoy, todavía seguimos sin asimilarlo. Pero hay que seguir hacia delante. La vida continua y no se para por nada del mundo. Los bebés seguimos llorando, los papás siguen sufriendo y el mundo sigue girando. Así que hay que continuar.

Gracias a los abuelos y tíos hemos sido capaces de ver una lucecita al final del túnel. Nos han hecho comprender que éste sería uno más de los muchos contratiempos que surgirían a lo largo de mi vida y que no podemos rendirnos ante las adversidades. Que siempre hay que luchar y no darse por vencido. Así que eso vamos a hacer. Saltar cada piedra del camino y seguir adelante.

Siempre llevaré grabadas en el corazón las palabras que Mami me susurró una noche al oído mientras me quedaba dormida en sus brazos:

 - "Ariadna, te han dado esta vida porque eres lo suficientemente fuerte para vivirla".

Siempre juntas

Así que eso es lo que haremos a partir de ahora: SER FUERTES.

Pero como os decía, la vida sigue, y la nuestra también. Con el objetivo prioritario de alcanzar lo antes posible los 4 o 5 kilos de peso por si finalmente hay que abrir mi corazón para arreglarlo, seguimos con nuestras rutinas.

Una mañana, tan sólo una semana después de visitar al pediatra, nos dirigimos a una nueva consulta médica. Esta vez era en la consulta de la doctora Mª José Cimadevilla, especialista en ortodoncias y labios leporinos. La misión consistía en sacar unos moldes de mi boca para hacerme un "obturador nasoalveolar".

La doctora le explicó a mis papis en qué consistiría el aparato:

- Se trata de una placa intraoral, hecha de resina, que colocaremos en la boca de Ariadna durante los próximos 4 o 5 meses, y nos servirá para remodelar el maxilar superior, disminuyendo el tamaño de su fisura palatina. Al principio, empezaremos solo con el aparato bucal pero, pasadas unas semanas, le incluiremos una extensión para la nariz. Así conseguiremos remodelarla, obteniendo una mejor simetría de la cara. ¿Qué os parece?
Mi obturador nasoalveolar

¿Qué nos parece? Que suena complicado, la verdad. Habrá que ver cómo nos apañamos con este aparato, ya que seguro que lo tengo que llevar puesto a todas horas, incluyendo las horas de la comida. Si no era suficientemente complicado ya comer, seguimos introduciendo cada vez más factores externos al tema de la alimentación.

- Este aparato es el paso previo a la cirugía del labio, y ayuda de manera importante al éxito de la misma. Eso sí, es importante que vosotros, los papis, nos ayudéis con el mismo.- Continuó diciendo la doctora.- Tiene que llevarlo puesto durante todo el día y sólo podéis quitárselo para limpiarlo después de cada toma, ¿entendido?

¡Veis! ¿Qué os dije? ¡Todo el día! Si ya me lo veía yo venir...

- Volver la semana que viene, que ya estará listo el obturador nasoalveolar.- Nos despidió la doctora.

Y salimos de la consulta, con la promesa de regresar pasados 7 días. ¡Y nosotros cumplimos nuestras promesas! Pasados los 7 días, allí estábamos de nuevo. Listos para empezar con el proceso que finalmente me devolvería la sonrisa. Esa sonrisa que, por el momento, y por muy partida que estuviera, a todo el mundo encantaba.

¡Pero madre mía! ¡Hay que ver lo que tira este aparato! El proceso es harto complicado. Para empezar, me han colocado unas tiras de silicona en los mofletes para poder pegar en ellas unas nuevas tiras de papel, en cuyo extremo hay una gomita con la finalidad de sujetar un pitorro que lleva el obturador nasoalveolar. ¡Menudo trabalenguas! 

 ¡Si esto no hay que lo entienda! ¡Y para colmo, después de llevar solo unas horas con el aparatito, empiezan a aparecer unas llagas que amenazan con complicar todo esto aún más! ¡Lo que hay que sufrir para estar sana! ¡Sana y guapa!
¡Que de cosas llevo en la boca!

Y como ya os estaréis imaginando, con este panorama, las primeras tomas están siendo un auténtico reto. Si ya me había costado trabajo amoldarme a mis tetinas especiales, ahora con el aparato nuevo ya es casi un milagro que las tetinas entren en mi boca. Pero bueno, vamos poquito a poco. Y sí, también hacemos un poquito de trampa, pero sólo durante las primeras tomas: me quitan de vez en cuando el obturador, pero solo hasta que me acostumbre a llevarlo puesto y comer con él. Pero no se lo digáis a nadie, esto es un secreto entre mis papis, vosotros y yo. ;)

Eso sí, en estas semanas no todo ha sido malo. Hace un par de días, Mami y yo salimos a la calle con una misión muy especial. El 19 de marzo será el Día del Padre y saldremos a comer con toda la familia para celebrar este día tan importante. Será un día muy especial, porque por fin nos reuniremos todos para celebrar algo positivo, dejando a un lado las malas noticias. Y por ese motivo, nos hemos lanzado a la calle en busca del mejor regalo para mi Papi. Recorrimos un montón de sitios, y finalmente encontramos lo que andábamos buscando. 

Estoy segura de que, con lo duras que han sido estas primeras semanas, un pequeño empujoncito en forma de detalle subirá mucho el ánimo de Papi. Que vea que aunque ya le estoy dando algunos disgustos con lo pequeña que soy, tiene un hija que le quiere con locura y que sabe que él es y será siempre el hombre de su vida.

¡FELICIDADES PAPÁ!
¡El mejor Papi del mundo!

miércoles, 4 de marzo de 2015

CORAZONES ROTOS

¡NOS VAMOS DE PASEO!

Hoy, después de cumplir con nuestra pequeña rutina del desayuno donde Papi me prepara un enorme biberón y Mami se encarga de que yo me coma lo que pueda, tenemos que salir a la calle para ir a mi primera revisión pediátrica.

Por lo que Mami le ha contado a Papi, la pediatra va a generar mi historial clínico donde, de ahora en adelante, anotarán todos y cada uno de los avances que se vayan produciendo en mi estado físico. Así, aparte de revisar mi evidente defecto labial y palatino en cada visita, cada vez que vayamos comprobarán otros factores igual de importantes en mi desarrollo: la talla, el peso, el estado de las fontanelas, el crecimiento de los huesos, etc. En ese historial clínico, también anotarán todos y cada uno de los resfriados y catarros que coja, fiebres que tenga y demás enfermedades que requieran que acuda a ver de nuevo a la doctora, así como todos aquellos medicamentos que me receten para curar esos dolorcillos. Sé que todos tenemos nuestro historial clínico, y sólo espero que el mío... ¡no termine demasiado lleno!

Salimos a la calle y nos dirigimos hacia el centro médico que está al lado de casa. Mamá y Papá van hablando relajadamente sobre aquellas dudas que quieren consultarle a la doctora, mientras yo no paro de mirar desde mi carrito hacia todos los lados intentando descubrir el nuevo mundo que hay a mi alrededor:

- Diana, que no se nos olvide preguntarle a la pediatra sobre qué podemos hacer para que la niña tarde menos en comer. !Ah! Y también tenemos que acordarnos de preguntar qué podemos hacer para que no se quede dormida durante las tomas.- Papi repasaba la lista de inquietudes que tenía.

- No te preocupes Fer. Ahora cuando lleguemos le preguntamos todas las dudas que tenemos.

Una vez en el centro médico, y tras esperar 10 minutos en la sala de espera, pasamos a la consulta. Efectivamente, tal y como Mami nos había adelantado, lo primero que hizo la pediatra fue abrir mi historial clínico, anotando mi nombre y apellidos en el ordenador. Acto seguido, nos pidió el informe médico del hospital, para anotar un montón de detalles relacionados con mi nacimiento.

Después de ese trámite, pasamos a la revisión física. Mami me apoya sobre la camilla y ya, una vez tumbada, la pediatra comienza el estudio:

- Bueno Ariadna, parece que estas un poquito baja de peso, !eh! No pasa nada, seguro que poco a poco vas cogiendo el peso necesario.

Evidentemente, eso era algo que todos nos imaginábamos. Con lo que me cuesta comer y permanecer despierta en las tomas, no me extraña que esto sea lo primero que nos diga la doctora.

- Las fontanelas las tiene perfectamente. De ahora en adelante se la irán cerrando solas hasta que tenga unos 18 meses.- La doctora seguía palpando mi cabeza.- Eso sí chicos, tendremos que seguir revisándolas periódicamente para comprobar que ninguna se cierre antes de tiempo. Pero de momento están muy bien.

¡Genial, las fontanelas están perfectamente! ¿Qué es lo siguiente?

- Vamos a ver esas caderas Ariadna. - La doctora comienza a realizar unas maniobras agarrándome las piernas.- Arriba, abajo, izquierda, derecha... Vaya vaya, es posible que tenga las caderas laxas. No es nada preocupante, ya que lo más normal es que la cadera se acabe normalizando durante las próximas semanas. No obstante, lo iremos revisando cada 15 días para ver como evoluciona.

¡Vaya! Otra cosilla para el historial. Labio leporino, fisura palatina, peso bajo, caderas laxas... a este paso van a tener que hacer la letra más pequeña para que quepa todo...

- Y ahora vamos con esos pulmones, a ver qué tal suenan. - La doctora coge un aparato rarísimo llamado "estetoscopio" y apoya una parte sobre mi pecho.- Muy bien, los pulmones suenan perfectamente aunque...

¿Aunque qué? ¿Qué más tiene que sacarme la doctora? ¿Otro problemilla no será, verdad?

- Aunque aquí hay un sonido que no termina de gustarme. Parece que proviene del corazón. Podría tratarse de un soplo.- Papi y Mami se miraron preocupados sin saber que podría implicar eso.- Yo os recomendaría que os fueseis inmediatamente a urgencias del Gregorio Marañón para que la hiciesen alguna prueba y descarten que no se trata de algo más grave. Podría ser algo sin importancia, pero es conveniente descartar cualquier tipo de anomalía o lesión cardíaca.

¿Cómo? ¿Anomalía o lesión cardíaca? Me parece que aquí nadie se ha enterado que yo con el tema del labio leporino y fisura palatina ya iba bien servida para una temporadita. Solo faltaba que ahora también tuviésemos otro motivo más de preocupación.

Terminamos la revisión pediátrica, y parece que nuestra pequeña excursión mañanera va a durar un poco más de lo que habíamos pensado en un principio. Nos toca irnos directamente al hospital, para que me hagan pruebas adicionales y verifiquen si lo que la doctora ha escuchado dentro de mi pecho es normal o se trata de algo anómalo. Así que nada, a coger el  coche y directos a ver a más médicos.
Bajamos al garaje de casa y mientras Mami me ajusta en la sillita y se acomoda en el asiento trasero junto a mí, Papi se encarga de guardar todo en el maletero del coche.

- Perdón, ¿he dicho todo? ¡Quería decir "casi todo"!

Y es que entre las prisas que llevábamos y los nervios que nos entraron a los tres cuando la doctora mencionó las palabras "problema" y "corazón", Papi sólo metió en el maletero del coche parte de mi carrito desmontable, olvidando en un lateral del garaje el cuco, la bolsa de viaje donde iban todas mis cosas (pañales, cremas, biberones, mudas, informes médicos, etc.) y lo más importante, las cosas de Mamá: el móvil, la cartera  y las llaves de casa.

- ¿Y cuándo nos dimos cuenta de ese pequeño olvido sin importancia? Pues cuando por fin, después de 15 largos minutos dando vueltas alrededor del hospital, ¡encontramos un sitio para aparcar! Salimos del coche, y cuando Papi se dispone a montar mi sillita, ¡se da cuenta de sólo había guardado una parte de ella! ¡Y de que no había nada más en el maletero! ¡Pobrecillo, vaya metedura de pata!

Así que vuelta los tres al coche y regreso a casa a por todas nuestras pertenencias, rezando porque todavía siguieran donde Papi las había olvidado y que no faltara nada. Menos mal, que al llegar, todo estaba exactamente donde lo Papi lo había olvidado. ¡Por fin un golpe de suerte en una mañana que se estaba haciendo demasiado larga!

Pasados 30 minutos, volvemos a estar en el hospital, pero esta vez Papi y Mami han decidido dejar todas las cosas en casa, incluido el coche, y coger un taxi. Tras pasar por urgencias y contar el motivo por el cual estábamos allí, un montón de doctores se pusieron manos a la obra para averiguar de dónde provenía ese sonido que tanto revuelo estaba causando.

Me realizan infinidad de pruebas, y finalmente, después de unas cuantas horas, un cardiólogo con semblante serio acude a la salita de espera donde nos encontramos y nos dice con voz firme:

- ¿Los padres de Ariadna? ¿Podéis acompañarme a la consulta, por favor?

Papi se levanta inmediatamente, mientras Mami, que me acuna en su brazos le dice:

- Fer, si no te importa, ve tú. Yo estoy muy cansada. Me quedo aquí fuera con la niña y ahora cuando salgas, me dices que es lo que te ha contado el cardiólogo.

Papi sigue al doctor hasta la consulta, pero al cabo de un minuto, le vemos regresar del despacho con cara de preocupación. Al llegar junto a nosotras de nuevo, dice:

- Diana, dice el doctor que es importante que escuchemos los dos lo que nos tiene que decir. Pasa conmigo, por favor.

En ese momento, algo dentro de Mami se rompió. Todavía no sabíamos que iba a decirnos el cardiólogo acerca de las pruebas realizadas, pero no podían ser buenas noticias. Nos miramos fijamente, y entonces vi como sus ojos se estaban apagando. Se apagan por el cansancio acumulado. Por los nervios contenidos. Por el nuevo golpe que podía llegar. Por el miedo al futuro. Sé que ella es una valiente, pero en ese momento todas las preocupaciones podían más que su fortaleza.

Pasamos los tres juntos a la consulta, donde el cardiólogo por fin puso fin a toda la incertidumbre que había entorno a mi corazón:

- Chicos, ya sabemos de dónde procede el ruido que escuchó la pediatra. Las pruebas demuestran que Ariadna tiene una Comunicación Interventricular de unos 6 milímetros en el corazón. Para que vosotros lo entendáis, a medida que el feto va creciendo durante el embarazo, la pared que separa los dos ventrículos del corazón se va formando. Pero hay veces que esta pared no se forma por completo, dejando intercomunicaciones entre ambos ventrículos. Estas intercomunicaciones hacen que la sangre no este 100% oxigenada cuando regresa de nuevo al torrente sanguíneo del cuerpo, provocando que el bebé se agote y se fatigue mucho antes. Además, el corazón tiene que realizar un esfuerzo adicional, lo que puede ocasionar un crecimiento anómalo del mismo.
¡Bueno, por lo menos ya hemos averiguado el motivo por el cual me quedo dormida en cada toma! Y es que si juntas un labio leporino y una comunicación intercentrifugar (¡o como se diga!), la fatiga y el sobreesfuerzo está asegurado. Misterio resuelto.

- Por ese motivo,- Continuó el doctor.- a partir de ahora, vamos a tener que vigilar a Ariadna cada semana para ver cómo va avanzando este problema cardíaco. Hay casos en los que estas pequeñas aberturas terminan cerrándose solas, sin embargo, y dado el tamaño que tiene la intercomunicación de vuestra hija, es posible que haya realizar una intervención quirúrgica para cerrarla. Me temo que sólo con medicinas y el paso del tiempo no será suficiente. Pero ya iremos viendo.

Papi y Mami se miraban sin ser capaces de articular palabra. No podían creerse que su pequeña, que ya tenía previstas unas cuantas operaciones durante su primer año de vida, tuviese que añadir posiblemente una más para solucionar un nuevo problema. Y nada más y nada menos que en el corazón.

- A partir de ahora, chicos, tenéis que vigilar dos cosas muy importantes: que no tenga un sudoración excesiva y que no se ponga morada. Eso podría significar que los medicamentos que la voy a recetar no la están ayudando y quizás habría que operar de urgencia.

¡¿Operar de urgencia?! ¡Eso sí que son ánimos! Desde luego, la situación todavía podía ir a peor...

- Por ese motivo, sería importante que Ariadna llegara a los 4 o 5 kilos de peso lo antes posible, para estar preparados por si finalmente hay que entrar en quirófano.

¡Toma ya! ¡Y encima tengo que engordar de manera express! ¿Esto es una broma, verdad?

Después de escuchar todas las recomendaciones del doctor y recibir un montón de recetas médicas, abandonamos la consulta y salimos de nuevo a la sala de espera. Y de repente ahí estaban: las lágrimas. Esas lágrimas que Mami y Papi llevaban conteniendo toda la mañana, fruto de la tensión y los nervios acumulados. Quién nos iba a decir que aquella excursión mañanera que iba a romper con nuestra rutina, se acabaría convirtiendo en un nuevo disgusto relacionado con mi salud.

Tocaba volver a casa. Volvíamos con el carrito cargado de deberes y nuevas preocupaciones. Preocupaciones que, como en otras situaciones, tocaba poner en conocimiento de la familia. Esa familia que de nuevo tendría que acudir al rescate porque, a pesar de que es mi corazón el que no está sano, son los corazones de Papi y Mami los que hoy se han roto.

martes, 3 de marzo de 2015

VUELTA A CASA

¡PRIMERA SEMANA SUPERADA!

Han pasado casi 7 días desde que nací, y la palabra que mejor define esta semana es ADAPTACIÓN.

Y es que después de unos días en el hospital, donde sólo había que preocuparse porque yo comiera y durmiera lo suficiente, y que Mami se recuperase de la intervención quirúrgica, tocaba volver a casa, donde además de preocuparnos por lo anterior, habría que ocuparse de otras muchas cosas: preparar mis biberones, hacer la comida de mis Papis, limpiar la casa y ... ¡un montón de cosas más!

Pero como os decía, esta semana hemos aprendido a adaptarnos. Adaptarnos a la nueva rutina, que por el momento ha consistido en: dormir, comer y hervir; vuelta a dormir, vuelta a comer y vuelta a hervir; hora del baño, y vuelta a empezar. Y así durante todo el día.

Tetinas de Nuk y Medela
(especiales para labio leporino) 
En la hora de la comida, como ya os comenté anteriormente, debido a mi pequeño problemilla, tengo que utilizar unas tetinas especiales para poder usar el biberón. Y aun así, no tengo la suficiente fuerza (o maña, quién sabe) para poder succionar yo sola durante las tomas, por lo que Mami o Papi tienen que ayudarme dando pequeños pellizcos a la tetina para que la leche salga del biberón y caiga en mi boca, tragándola casi por inercia. Además, quizá por aburrimiento o tal vez por agotamiento, la mayoría de las veces acabo quedándome dormida en mitad de las tomas, por lo que no es raro el día en el que la hora de la comida se alarga tanto que prácticamente se junta con la siguiente toma. Es decir, que un biberón que un bebé fácilmente podría tomarse en 30 minutos, a mí me lleva entre 60 y 90 minutos. ¡Todo un récord! ¡PERO DE PACIENCIA PARA MIS PADRES!

Y después de cada toma, todos tenemos nuestra tarea asignada: Mamá se engancha el sacaleches, un aparato cuya labor consiste básicamente en succionar por mí, obteniendo así la leche del pecho de Mami que yo no soy capaz de obtener por mis propios medios. Papá, por otro lado, tiene que hervir los biberones, tetinas y demás artilugios que hayamos utilizados durante la comida. De esta manera, conseguimos esterilizar todo aquello que me vaya a llevar a la boca. Y a mí, como no podía ser de otra forma, me toca lo más fácil: echar el gas y dormir. 

Sí, lo sé, mi parte es la mejor, ¡aunque os quería yo ver decir eso cuando uno de los gases se pone peleón y decide quedarse más de la cuenta en mi estómago!

!Al baño!
¡Ahh! ¡Y también está mi hora favorita del día (si no contamos las horas de sueño, claro): la hora del baño. Me encanta que me metan en la bañera llena de agua calentita y que froten mi cabeza con tanta delicadeza. ¡Qué cosquillitas me hacen! Esta hora hace que me sienta como en mi antiguo hogar, la tripa de Mami, donde flotaba y nadaba todo el día. !Cómo lo echo de menos!

Aunque los primeros baños fueron un poco complicados, pronto aprendimos como había que hacerlo. La verdad es que soy tan pequeñita y frágil, que no me extraña que les diera miedo que pudiera resbalarme o que pudiera entrarme agua en los oídos. Además, imagino que esta pedazo de bañera que hay en casa tampoco ayuda demasiado, pero de momento no tenemos ninguna forma mejor de organizar la hora del baño (ya que no me van a meter al fregadero con las platos, ¿no?). Bueno, no pasa nada, confío en que alguien se encargue de poner solución a este pequeño inconveniente en los próximos días.


Y hasta aquí ha llegado nuestra primera semana. Acabo de oír como Mami le recuerda a Papi que mañana tenemos nuestra primera revisión con el pediatra, por lo que creo que ésta puede ser una buena ocasión para salir de nuestra rutina. !Qué ganas tengo de volver a la calle y conocer más mundo!

jueves, 26 de febrero de 2015

NADIE DIJO QUE FUERA FÁCIL

¡DORMIR! ¡Lo que más me gusta hacer en este nuevo mundo es dormir! Aquí fuera hace bastante más frío que en mi antigua casa, así que pasarme las horas debajo de una mantita con los ojos cerrados empieza a ser mi hobby favorito. 
Soñando con los angelitos
¡Si pudiera, ME TIRARÍA TODO EL DÍA DURMIENDO! Pero no me dejan... Los doctores no paran de hacerme todo tipo de pruebas: la prueba del oído (para controlar que escuche perfectamente), la prueba del talón (para detectar precozmente enfermedades metabólicas) y otras muchas pruebas de las cuales no recuerdo ni su nombre. Además, no paramos de recibir a familia y amigos que vienen para conocerme y ver como se encuentra Mami, así que muchas veces acabo echándome sueñecitos acunada en brazos ajenos... No está mal, pero prefiero la comodidad de mi cuna.

Por si esto fuera poco, Papi y Mami están empeñados en que tengo que comer para ponerme grande, y la verdad es que no lo estoy llevando muy bien. Ellos no paran de repetir que tengo que crecer mucho para estar sana y fuerte, pero a mí me gustaba más mi antiguo sistema de alimentación. ¡Era muchísimo más cómodo! Al fin y al cabo, sólo tenía que esperar tranquilamente a que Mamá comiera para que una parte de esos alimentos llegaran a mí directamente a través del cordón umbilical. ¡Era como pedir comida a domicilio: TELEMAMI!

Pero en este mundo las cosas no funcionan así. Mami me coge de la cuna donde tan plácidamente estoy durmiendo y comienza a susurrarme:

- Ariadna... Vamos a comer un poquito... Que ya es hora, pequeña.

Acto seguido, me acuna contra su pecho e instintivamente empiezo a cabecear buscando el pezón para poder alimentarme. Comienzo a succionar, pero ¡NADA! No consigo obtener ni una sola gota de leche que sacie mi apetito. Bueno, era de esperar que esto ocurriese, al fin y al cabo, nadie me ha dado el manual donde se explique cómo lo tengo que hacer. Así que tenemos que apañarnos entre nosotras dos. Vuelvo a intentarlo, esta vez succionando más fuerte y... ¡NADA DE NADA! ¡Vaya!¡Al final esto va a ser más complicado de lo que pensaba! 

Mami no se da por rendida, y seguimos intentándolo un buen rato, pero con cada succión lo único que acabo consiguiendo es tragar mucho aire, ya que no soy capaz de agarrarme bien al pecho con este corte que tengo en el labio. !Menudo fastidio! 

¡Pero no hay problema!¡PASAMOS AL PLAN B!

!La hora de comida!
Si no he podido con el pecho de Mami...siempre quedará el biberón de Papi. Cambio de brazos y ahora es Papi quien me sostiene la cabeza y me introduce el biberón en la boca. Lleva una tetina especial, ya que las normales no terminan de ajustarse bien a mi boca (por aquello de mi "pequeño problemilla", ya sabéis). Parece que el plan Biberón funciona mejor, aunque tampoco es que sea una maravilla. "Gracias" a la brecha que tengo en el paladar, la mayoría de la leche que obtengo con un esfuerzo sobrehumano acaba saliendo por mi nariz, por lo que la hora de la comida termina convirtiéndose en una lucha: una lucha entre mis circunstancias y nuestra paciencia. La mía, ya que me acabo agotando rápidamente, y la de Papi, que ve como todo el esfuerzo empleado para alimentarme acaba saliendo por mi nariz. Nadie dijo que fuera fácil.

Además de para comer, también me despiertan para... ¡CAMBIARME EL PAÑAL! ¡Qué expectación hay por ver si he hecho mi primera caca o si vuelvo a tener pis! A cada ratito, noto un dedo que se cuela entre los botones de mi pijama y ahueca prudentemente el pañal para espiar mis necesidades más íntimas. 

¡Y por fin llegó la tan ansiada primera caca! Bueno, exactamente caca no era. Lo llamaban "meconio", pero a todos los efectos, era caca. Y esta primera caca llevaba un nombre escrito bien grande y con letras rojas: PAPÁ. 

Como Mami todavía está recuperándose de la cesárea, él es el encargado de llevar a cabo las labores de limpieza y cambio de pañal. Me levanta de mi cuna y me tumba suavemente a los pies de la cama de Mamá para que ella le vaya guiando en el proceso. A mi alrededor se concentra un montón de gente para ver las maniobras que Papá tiene que realizar. Si os digo la verdad, me he acostumbrado tanto a que todo el mundo me viera desnuda en las ecografías dentro de la tripa de Mami, que enseñar mis vergüenzas en directo a 10 personas hace que no me ponga ni colorada.

Y empezamos con la operación EMYLC (Extracción de Meconio y Limpieza de Culo).

- Fer, primero tienes que quitarla el pañal manchado y limpiarla bien con una toallita.- Mami empezó a dar las primeras instrucciones.

- No, pero así no.- Una voz detrás de Papá apuntó.

- Fer, si lo agarras de esta manera será más cómodo.- Otra voz volvió a corregir a Papá.

- ¿Quieres que te sujetemos a la niña para que te sea más fácil, Fer? - Una tercera voz se apuntó a la fiesta de correcciones.

El nombre de Fer empezó a multiplicarse a medida que avanzaba con el proceso, hasta que Mami, puso fin a todas las indicaciones externas:

- Bueno dejarle a él, que también tiene que aprender. Sigue así cariño que vas muy bien. Ahora solo tienes que echarla un poquito de crema para que no se la irrite el culito y ponerla un pañal limpio. Eso es, así. Muy bien. Ya puedes volver a ponerla el pijama y llevarla de nuevo a la cuna para que descanse.

¡PRUEBA SUPERADA! La operación EMYLC ha sido todo un éxito, así que vuelvo a mi cunita a descansar hasta la siguiente toma o el siguiente pis. ¡Con lo que me gusta dormir!

Pero bueno, después de un día tan intenso, por fin llegaba la noche y Papi, Mami y yo nos quedamos solos para descansar. Por fin un poco de tranquilidad, ¿verdad?

¡Pues no! Si el día fue duro... la noche no estuvo libre de sustos. Para empezar, Mami estaba bastante dolorida. Me pareció entender que era por algo que los doctores llamaban la "subida de la leche". No parecía grave, pero Mamá no paraba de quejarse y pedir paños calientes para ponérselos en el pecho. 

Calmado un poco el dolor, y justo cuando mis papis estaban quedándose dormidos, un gas que no había expulsado en la última toma hizo que un poco de leche subiera por mi garganta y obstruyera el paso del aire hacia mis pulmones. Empezaba a faltarme el oxígeno y poco a poco el color de mi cara empezó a cambiar del saludable rosa claro a un preocupante morado oscuro.

Menos mal que estaba Mami, que casi al instante y movida por su instinto maternal, se giró, y viendo el extraño color de mi piel, llamó rápidamente a Papá, que se levantó como un resorte de la cama. Y así es como empezamos la operación ¡CORRE CORRE, QUE LA NIÑA SE AHOGA!

- Fer, despierta. Creo que a la nena la pasa algo.- Efectivamente, estaba en lo cierto. El aire empezaba a escasear en mis pulmones.-  Me parece que tiene una flema y no puede respirar.

- ¿Qué dices Diana? - Papá empezaba a abrir los ojos para enfocar hacía mi cuna.- ¿Qué dices que le pasa a la niña?

- ¡CORRE FER CORRE, QUE LA NIÑA SE AHOGA! !Que se está poniendo morada! - Mamá gritó para que Papa se diera prisa.

Inmediatamente, Papá saltó de la cama. Me cogió en brazos y comenzó a golpearme en la espalda mientras nos dirigíamos a toda velocidad hacia el control de enfermeras, donde podrían ayudarnos. Llegamos justo a tiempo. La enfermera me coge en sus brazos y comienza a golpearme en la espalda para  que expulse el contenido que se almacena en mis vías respiratorias. Por suerte, después de echar toda la leche regurgitada, empiezo a recuperar mi buen color de piel.

Con el susto en cuerpo y las piernas temblando, volvemos a la habitación donde habíamos dejado a Mami preocupadísima y sin poder levantarse de la cama como consecuencia del reposo absoluto de la cesárea. Al entrar en la habitación, nos la encontramos de pie junto a la cama y con un color de cara parecido al mío cuando empecé a encontrarme mal. Pero un momento... ¿No se supone que Mama tenía que guardar reposo absoluto? ¿Cómo ha conseguido bajarse de la cama, que además estaba a más de un metro del suelo? ¡Si tardamos 2 minutos más nos la hubiéramos encontrado en el pasillo corriendo detrás nuestro!

Una vez pasado el susto, las enfermeras vinieron a ofrecernos un alternativa a los tres:

- Chicos, creemos que sería bueno para todos que esta noche Ariadna durmiera con el resto de bebés en el nido. Así, vosotros podéis descansar, que ha sido un día muy duro, y nosotros podemos controlarla durante la noche. ¿Qué os parece?

Siendo egoísta, pasar la noche sin mis papis y rodeada de otros niños a los que no conocía no termina de hacerme ilusión, pero entiendo que ellos necesitan descansar y coger fuerzas para todo lo quedaba por venir: más comidas, más cacas y más noches. Así que, dando mi aprobación, decidí berrear en sentido afirmativo.

Finalmente, Papá y Mamá deciden que lo mejor para los tres era que descansáramos unas horitas y volviéramos a vernos a las 7.00h de la mañana, con las pilas bien cargadas.

Y así es como acaba nuestro primer día, en el que he aprendido varias cosas muy importantes:

1ª. Que a los bebés con labio leporino y fisura palatina nos cuesta un montón comer y agarrarnos al pecho de nuestras mamis, pero que gracias a Dios existen los biberones y las tetinas especiales.

2ª. Que la primera caca de los bebés se llama meconio y es una manera perfecta de poner a los papás a practicar con los pañales.

3ª. Que es muy importante echar el gas después de cada comida para evitar las regurgitaciones y las operaciones !CORRE CORRE, QUE LA NIÑA SE AHOGA!

4º. ¡Qué pase lo que pase, Papi y Mami siempre están ahí!

miércoles, 25 de febrero de 2015

EL GRAN DÍA (Parte 3)

Abro los ojos lentamente. Una vez. Otra vez. Hay demasiada luz. Intento ubicarme, pero no termino de saber dónde estoy.

De repente, empiezo a recordar. Estoy en la sala de neonatos, donde los doctores me dejaron hace... si soy sincera, no tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado. Tal vez hayan sido 5 minutos o tal vez 2 horas.

Giro la cabeza hacia un lado y veo dos figuras cerca de mí. No paran de mirarme y hablar entre ellos. Hago un tremendo esfuerzo por intentar acostumbrarme a tanta luz y por enfocar lo que tengo a mi alrededor. Y de repente... !SÍ! !ES LA VOZ DE PAPI! !Por fin algo que conozco!

La voz se acerca hacia mí lentamente, y dice:

- Mira Mª Jesús, acércate. Mira qué guapa es tu nieta. - Decía mientras me tocaba un piececito.

Por lo que se ve, !Papá viene acompañado! !Nada más y nada menos que por la abueli! Por fin iba a empezar a conocer a todos. !Qué nervios!

- Es verdad Ferny. Además no se le nota casi lo del labio. !Qué pequeñita que es! Parece tan frágil que da miedo tocarla.

Y de repente, noto como la abueli me toca también el pie. !No sabéis lo bien que se siente una cuando después de 9 meses sin contacto físico empiezan a toquetearla el cuerpo! ¡Qué sensación tan genial es el contacto piel con piel!

Pasado unos minutos, logro por fin enfocar la vista y empezar a distinguir algo más que sombras. Allí estaba Papá, y era tal y como me lo había imaginado. No puedo deciros si es guapo o feo, alto o bajo, gordo o flaco, simplemente porque es el primer hombre al que veo en este mundo. Evidentemente, los doctores que "vi" en el paritorio ataviados con sus mascarillas, gorros y batines no cuentan, así que ahora mismo, Papá es el hombre más perfecto del mundo. Al menos para mí.

Después de estar un rato metida en aquella burbuja, se acerca por fin el doctor, y señalando hacía mi incubadora, le dice a Papi que ya estoy lista para irme a la habitación. ¡Qué bien! ¡A la habitación! ¡¡Con Mami!!

Seguro que allí estaría ella, esperándome. Todavía no nos hemos podido abrazar, así que seguro que las dos nos morimos de ganas. ¡Por lo menos yo lo estoy deseando!

Las enfermeras abren la urna de cristal en la que estoy y comienzan a vestirme. Primero el pañal, por si se me escapa algo de la emoción. Después un body y un pijamita con puntitos rosas y negros y un elefante bien grande en el pecho. Por último, un gorrito rosa para que no se me queden frías las ideas. Ya estoy lista para irme de paseo en los brazos de Papi.

¡Y sí! ¡Papi me coge en sus brazos! Nos miramos fijamente a los ojos y… ¡nos decimos mil y una cosa solo con la mirada! Tenemos tanto que decirnos que el tiempo se detiene. Se detiene y solo estamos él y yo ahora mismo en este mundo. Sus brazos son tan protectores que hacen que me sienta segura, a pesar de que él no para de llorar de la emoción.

Y por fin salimos de la sala de Neonatología camino de nuestra habitación. Nada más salir, un montón de cabezas se agolpan sobre mí. Todos quieren verme y conocerme. Estoy a 20 pasos de Mami y mi pequeño corazoncito no puede aguantar más. Necesito verla.

La puerta de la habitación se abre, ¡y allí está!

Papá se acerca hasta ella, tumbada en la cama, esperándome con los brazos abiertos y lágrimas en los ojos. Abandono los brazos de Papá y aterrizo en los de Mamá.

Reconozco su olor, para mí inconfundible. Siento de nuevo el latir de su corazón, tan familiar y reconfortante para mí. Siento el calor de su pecho, tan acogedor como mi antigua casita. Y entonces, nos miramos.

Nos miramos fijamente y  lo veo claro: sus ojos demuestran que todo el esfuerzo y los malos momentos que hemos pasado las dos juntas han merecido la pena, que ella siempre ha estado segura de que todo saldría bien. Que vamos a luchar juntas para superar todo lo que quede por venir y que no habrá nada ni nadie que nos separé jamás.

- ¡Hola pequeña! Soy mamá. Mi niña, mi princesa…- Mamá apenas puede hablar y sus lágrimas empiezan a caer sobre mi cabeza.

- ¡No llores Mami! ¡Ya estamos juntas de nuevo! – Intentaba transmitirle con mi mirada.- Papi ha estado cuidando de mi mientras tú no estabas.

¡Ay! Sin duda, creo que este será uno de los mejores momentos de mi vida. Por fin estamos juntas de nuevo. Madre e hija. Dos amigas. Dos confidentes.

Papi se acerca a nosotras y los tres nos fundimos en un gran abrazo. 9 meses y aquí estamos por fin. Juntos. ¡Juntos para siempre!

¿Y sabéis que viene después de conocer por fin a Mami, no? ¿Descansar y dormir? ¡Pues no, todavía no! Era hora de conocer a toda la familia. Pasar de mano en mano y recibir sus besos y caricias.

Allí estaban todos, al pie de la cama. Esperando su turno para poder achucharme. Juan y Mª Jesús, los abuelis, llorando como magdalenas. Carmen y Fernando, los abuelos, ansiosos por estrecharme entre sus brazos. Los tíos Raquel y Dani, cámara en mano capturando estos primeros momentos. Y los tíos Irene y Jorge, llorando y felicitando a Papá y Mamá.

Cada ratito que paso con ellos me doy cuenta de lo afortunada que soy. Afortunada por tener una familia tan grande. Afortunada por estar acompañada desde el primer día de mi nueva vida. Afortunada por sentirme tan querida por todos y cada uno de ellos. Afortunada, porque a pesar de mis problemas, estoy aquí.


A partir de hoy, 25 de febrero de 2015, me toca aprender muchísimas cosas y conocer a un montón de gente. Toca superar los problemas que tengo y aquellos que queden por venir. Pero siempre, siempre, siempre, con una sonrisa en los labios.

EL GRAN DÍA (Parte 2)

Y Papá corrió. ¡Vaya que si corrió! ¡Llegó justo cuando estaban sacando a Mami de la habitación en la camilla! ¡Un poquito más y se lo pierde!

Por fin, los tres juntos, nos dirigimos al quirófano. Cuando llegamos al paritorio, Mami saluda a todos los doctores que hay en la sala: el ginecólogo, las enfermeras, y... sí, ¡lo habéis adivinado! ¡También estaba el anestesista! Y ya sabéis cual es el principal arma de trabajo de los anestesistas, ¿verdad?. Pues sí, lo habéis vuelto a adivinar: ¡LAS AGUJAS! ¡Y Mami las tiene un miedo terrible!

Así que ahí estábamos las dos, esperando ese temido pinchazo que empezaría a dormir el cuerpo de Mami y haría todo el proceso mucho menos doloroso.

- Diana, vamos a empezar con la anestesia. Para ello, vas a colocarte en posición fetal agarrándote las piernas. Primero notarás un pequeño pinchazo y pasados unos minutos volveremos a pincharte otra vez.

- ¿Cómo? ¿Dos pinchazos? - Me parece que eso a Mami no le iba a gustar...

- En el segundo pinchazo notarás un ligero quemazón, pero es absolutamente normal. A medida que pase el tiempo, notarás como poco a poco se te van durmiendo las piernas.

Mami está hecha una campeona. ¡Ha aguantado los dos pinchazos casi sin moverse! A medida que el líquido penetraba en su torrente sanguíneo, y tal como había vaticinado el anestesista, una sensación de ardor empezó a recorrer su cuerpo. 

Pasados unos minutos, Mami no sentía nada de cintura para abajo, así que había llegado la hora.

- ¿Ariadna, estas preparada? - Me pregunté a mi misma. En unos minutos vería a Mamá y Papá y por fin les pondría cara.

Mis nervios van en aumento. Aumentan al mismo ritmo que aumentan los nervios de mis Papis. Después de 9 meses, por fin llega la hora. Buenos y malos momentos. Ilusión y preocupación a partes iguales. Pero eso ya no importa, lo importante está por llegar, ¡así que vamos a ello! ¡¡ESTOY PREPARADA!!

Los doctores marcan la zona para hacer la incisión. Y una vez acaban con el rotulador, el ginecólogo coge el bisturí y... !Mejor os ahorro los detalles!

De repente, empiezo a notar una fuerte presión cerca de mí. Una presión que me empujaba más y más hacia...

- ¿Qué es eso? - Empiezo a abrir los ojitos a medida que me voy acercando.- Parece...¡Sí, es LUZ! ¡La salida! ¡Adiós barriguita! ¡Gracias por haberme cuidado durante tanto tiempo!

Y ahí estaba yo. Sujeta por varías manos que se afanan en limpiar mi pequeño cuerpo. A mi alrededor había un montón de gente con mascarillas y gorros verdes, y sí... ese señor que está ahí al fondo debe de ser... ¡PAPÁ! Las primeras palabras que recuerdo oír de su boca fueron:

- Diana, es muy guapa. Guapísima. - Hay lágrimas en sus ojos y no puede contener la ilusión que le hace el tenerme tan cerca de él. - ¿La ves, cariño?

- Acercarla un poco más.- Pide Mami al doctor.- Casi no alcanzo a verla.

Sin embargo, los doctores decidieron llevarme en brazos hasta otra sala. Los tres nos hemos quedado con las ganas de fundirnos en un abrazo y poder decirnos con la mirada lo mucho que esperábamos este momento. Ahora que por fin estoy aquí, ¡y lo primero que hacen es llevarme lejos de ellos!

En la sala anexa, el pediatra empieza a hacerme el llamado “Test de Apgar”, donde evaluarían cinco aspectos básicos para mí: el ritmo cardíaco, la respiración, los reflejos, el color de piel y el tono muscular. Mi nota es de 9 sobre 10, así que se puede decir que estoy ¡superbien!

Me pesan y me miden, y lo van anotando todo en el informe: 2.470 gramos y 47 cm de altura. ¡Parece que voy a ser pequeñita! Pero no importa, los buenos perfumes se guardan en frascos pequeños, ¿no?

También evalúan el problemilla del labio leporino. Tras una investigación más profunda del doctor, confirman que efectivamente también tengo fisura palatina, es decir, que mi paladar tampoco se ha formado por completo durante el embarazo. ¡Vaya! !Menuda mala pata! Pero qué más da, lo importante es que estoy aquí. ¡De los problemas ya nos encargaremos más adelante!

Envuelta en una mantita y con los ojitos cerrados, me llevan hasta la sala de neonatos para que descanse y  para pasar allí unas horitas antes de poder unirme a mi familia. He de reconocer que esto de nacer cansa. Así que con vuestro permiso, voy a echarme un sueñecito y a recuperar energías para lo que queda por llegar: ¡conocer a todo el mundo!!Qué nervios!

EL GRAN DÍA (Parte 1)

Suena el despertador. Es temprano. Muy temprano. Pero hoy es el gran día. Ese día que desde hace 9 meses todos están esperando. !Y yo también! !Que empiece la función!

Papá está muy nervioso. Tan nervioso, que casi no atina a abrocharse los botones de la camisa. Mamá aparenta estar tranquila, pero en el fondo sé que no es así... ¡Qué nervios! ¡Por fin nos íbamos a ver por primera vez!

Una vez revisado que no nos dejábamos nada importante en casa, nos dirigimos hacia el hospital La Milagrosa. Un amigo de Papá nos deja con su taxi en la puerta del hospital y una vez allí, nos acercamos al mostrador para que nos indiquen en que habitación nos tenemos que instalar.

- !Ni que esto fuera un hotel! - Aunque pensándolo bien, quizás un poco sí, ya que esa habitación sería nuestra casa durante los siguientes días.

Una amiga de Mamá trabaja en el Hospital, así que gracias a ella, la habitación que nos "ha tocado en suerte" es  ¡estupenda, luminosa y muy grande!

- ¡Qué chuli es esto de tener tantos amigos! !Cuando sea grande, quiero tener tantos amiguitos como Papá y Mamá!

Una vez nos instalamos, lo primero que hacen las enfermeras es llevarnos a la sala de Monitores, para empezar a espiarme un poquito (tranquilos, ya me he acostumbrado a que me miren a través de estos aparatos). Esta vez, los doctores sí que dejan a Papá que pase con nosotras, así que luego no tendremos que contarle lo que ha pasado dentro de la sala.

Colocan un montón de cachivaches en la tripa de Mamá para ver si ya hay contracciones y si mi corazón late correctamente.

- !Todo va perfectamente! - O al menos, eso dicen los doctores.

- Tranquila Diana, aún os queda un ratito más de espera. Serás la segunda Mamá en entrar al paritorio, así que calculamos que hasta las 11 no entraréis a quirófano.

Esa voz me resultaba muy familiar. ¡Pero si es Teresa, la enfermera del Ginecólogo! El gran momento se acerca. ¡Esto ya empieza a llenarse de voces conocidas!

- Ahora estoy más tranquila. - Dice Mamá al entrar a nuestra habitación de nuevo.- Ferny, si quieres puedes bajar a desayunar, que todavía te da tiempo. A ver si te vas a marear en quirófano y ya lo que nos faltaba.

Nunca me acostumbraré a la serenidad con la que Mamá dice la palabra quirófano. Pero bueno, no debe ser tan alarmante cuando lo dice con tanta naturalidad...

Papá hace caso a Mami y decide bajar a desayunar. Nosotras dos nos quedamos con los abuelis en la habitación, esperando a que pase el tiempo y llegue nuestro turno. Hay que ver que larga se hace la espera... ¡parece mentira que hayamos aguantado 9 meses y ahora un par de horas pasen tan lentas!

Pasaron 10 minutos, cuando de repente...

- ¡Hola! Vengo a por Diana. Al final el doctor ha decido que es mejor cambiar el orden de las intervenciones, por lo que tú serás la primera.

- ¿¿Cómo?? ¿¿Las primeras?? ¿¿Ya nos vamos?? - Mis nervios aumentaron ante el inesperado cambio de planes.- ¿¿Y Papá?? ¡¡Qué todavía no ha regresado!! ¿¿Es qué no vamos a esperarle??

Los abuelis llaman rápidamente a Papá para que suba con nosotras a la habitación antes de que nos lleven al quirófano. ¡PERO SU TELÉFONO ESTÁ APAGADO! ¡NO TIENE COBRETURA! ¡¡AHHHHH!!

- ¡Que no cunda el pánico! ¡Tenemos que hacer tiempo hasta que consigan contactar con Papá y decirle que nos vamos para el quirófano! - Intento transmitirle ese pensamiento a Mamá.

Parece que funciona y Mamá ha pillado el mensaje. Empieza a cambiarse, muy lentamente, poniéndose ese pijama tan favorecedor que dan en los hospitales, pero todo a cámara lenta. Tardamos unos estupendos 10 minutos en volver a salir del cuarto de baño. Pero el móvil de Papá sigue sin dar señal, y el de la abuela y la tía Irene parece que tampoco.

¿¿Llegará Papá a tiempo?? ¡¡Más vale que logren contactar con él y que corra mucho!! Esperemos que sus duros entrenamientos con Víctor en el Retiro hayan servido para algo, porque sino le va a tocar volver a quedarse fuera... ¡Y NINGUNA DE LAS DOS QUEREMOS QUE ESO PASE!

- ¡CORRE, PAPI, CORRE! - Repito una y otra vez en mi cabeza.